Me doy permiso de ser la mujer que soy hoy

Hoy puedo decir algo que durante muchos años me costó imaginar: Estoy cómoda con la mujer que veo frente al espejo.

Y no hablo solamente de mi cuerpo o de mi apariencia. Hablo de reconocerme.

Después de tantos años queriendo pertenecer, buscando aprobación y cuestionando quién era, hoy puedo mirar a esa mujer y decir: me gusta quién eres.

Hoy soy una mujer que se elige.

Una mujer que ha aprendido a salir de su zona de confort. Que sigue sintiendo miedo, pero que ya no permite que el miedo decida por ella.  Y qué diferente se siente vivir así.

Esta nueva versión de mí tiene menos creencias limitantes y más aventuras. Más curiosidad. Más aprendizajes. Más ganas de descubrir de qué soy capaz.

Pero también he aprendido algo importante: nuestra versión anterior no desaparece mágicamente.

A veces vuelve.

La mente intenta llevarnos hacia lo conocido. Aparece esa mujer que dudaba, que tenía miedo, que se ponía al último o que necesitaba pertenecer.

La diferencia es que ahora puedo reconocerla.

Puedo observarla y decir:

“Te conozco. Gracias por protegerme durante tantos años, pero ya no necesito vivir desde ahí.”

Para mí, eso es embodiment: no solamente entender intelectualmente quién quiero ser, sino comenzar a encarnar esa nueva versión en mis decisiones cotidianas.

Incluso nuestra familia puede recordarnos quiénes éramos.

“Pero tú siempre te enojabas por eso.”

“Tú nunca hacías esas cosas.”

“Tú siempre has sido así.”

Y ahí también tenemos que aprender a sostener nuestra nueva identidad.

Sí, fui esa mujer.

Pero ya no reacciono igual.

Ya no me pongo siempre al último.

Ya no necesito hacer ciertas cosas para pertenecer.

Tengo derecho a evolucionar.

Y para enseñarle a mi mente que podía ser una mujer diferente, empecé a hacer pequeñas cosas que antes me daban miedo.

Me repetía: “Soy más atrevida.”

Y después buscaba oportunidades para demostrármelo.

Un día podía ser ir a pintar, aunque siempre había pensado que no era artística.

Otro reto fue saludar por lo menos a una persona que no conociera.

También comencé a dar cumplidos a desconocidos. No por obligación, sino cuando realmente sentía algo bonito: “Qué lindo vestido.” “Me encanta tu energía.” “Qué bonita sonrisa.”

Parecen cosas pequeñas.

Pero cada vez que lo hacía, estaba enviándome un mensaje:

Sí puedo.

Y mi confianza comenzó a crecer.

Claro que hubo días en los que no lo hice.

Y rápidamente aparecía aquella voz:

“¿Ves? Sigues siendo tímida. Sigues teniendo miedo.”

Pero ahora sé responderle: No. Tener miedo no significa que volví atrás.

Estoy aprendiendo.

Estoy practicando.

Estoy convirtiéndome.

Hoy entiendo que ser valiente no significa dejar de sentir miedo. Significa dejar de entregarle al miedo el poder de decidir nuestra vida.

Porque muchas veces lo que más pesa no es aquello que hicimos.

Es aquello que no hicimos y después recordamos pensando:

“¿Qué hubiera pasado si me hubiera atrevido?”

Yo ya no quiero construir mi vida desde el “hubiera”.

Quiero vivirla.

Quiero experimentar.

Quiero equivocarme, aprender, reírme de mí misma y volverlo a intentar.

Hoy se siente mucho más ligero ser yo.

Y si algo quiero que te lleves de esta edición es esto:

No necesitas esperar a sentirte completamente segura para comenzar.

Atrévete con miedo.

Haz una pequeña cosa que tu antigua versión no hubiera hecho.

Porque cada vez que eliges diferente, le estás enseñando a tu mente quién eres ahora.

Y quizás un día también te mires al espejo y puedas decir:

“Después de tantos años intentando pertenecer, finalmente pertenezco a mí.”

⸻

🌿 Regresa a ti

Esta semana quiero proponerte el reto de la mujer atrevida. Piensa en algo pequeño que has evitado porque te da miedo o porque alguna vez decidiste: “Yo no soy buena para eso.”

No tiene que ser algo enorme.

  • Ve sola a tomar un café.

  • Inscríbete a esa clase.

  • Saluda a alguien que no conoces.

  • Ponte esa ropa que siempre dices que “no es para ti”.

  • Da un cumplido sincero.

  • Habla en una reunión.

  • Baila.

  • Pinta, aunque pienses que no sabes pintar.

Haz una pequeña cosa diferente.

Y cuando aparezca esa antigua voz diciendo “tú no puedes”, coloca tu mano sobre tu corazón y respóndele:

“Esa fue una versión de mí. Hoy estoy aprendiendo quién más puedo ser.”

No busques hacerlo perfecto.

Solo atrévete.

⸻

🤍 Afirmación de la semana

“Me doy permiso de evolucionar. Puedo sentir miedo y aun así elegirme, atreverme y avanzar.”

⸻

Elizabeth Medina

Mujer que se encontró, y ahora camina con otras.

Eli Medina

Elizabeth Medina es madre de dos hijas, emprendedora y creadora de espacios de conexión femenina. Su camino comenzó a partir de una búsqueda personal profunda que la llevó a explorar el desarrollo personal, las terapias holísticas y su camino espiritual como herramientas de sanación.

Cuenta con certificación en Registros Akáshicos, lo que le permite acompañar procesos de introspección y conexión interna desde una perspectiva consciente y energética.

Actualmente, Elizabeth crea experiencias donde integra la belleza, el autocuidado y la energía, guiando a mujeres a reconectar consigo mismas, fortalecer su autoestima y habitar su feminidad desde un lugar auténtico.

Su mensaje nace desde la experiencia vivida, con la intención de acompañar a otras mujeres a recordar su valor y crear una vida más alineada con su esencia.

Elizabeth Medina

Mujer que se encontró, y ahora camina con otras.

https://www.instagram.com/emedinabeauty/
Anterior
Anterior

Resumen de “El infinito en un junco” - Irene Vallejo

Siguiente
Siguiente

¿Quién soy yo?